Al sur de la frontera al oeste del sol download
You may have already. La fascinante historia del reencuentro entre un hombre y una mujer que compartieron secretos y. Emocionante y hermoso. Libro nuevo o segunda mano, sinopsis, resumen y opiniones. Haruki Murakami. Al sur de la frontera, al oeste del sol. De los mejores libros de Murakami. Un nuevo relato ilustrado de Haruki Murakami. Y el olor de su piel, y su voz. No tengo hermanos. Sin etapas y sin programa. Yo me limitaba a devorar con avidez lo que se me presentaba y ella es posible que hiciera lo mismo.
Copulaba hasta quedarme literalmente sin semen. Lo importante era la conciencia de estar apasionadamente involucrado en algo que me desbordaba y que en ese algo indefinido hubiera una cosa que necesitaba. Desde el principio, le estaba negada la posibilidad de cosas como el amor, el sentimiento de culpa o el futuro. Y no una o dos veces, sino diez o veinte. Bastaba con que hubiera confesado al principio: « Quiero acostarme con tu prima. Tengo ganas de hacer el amor con ella hasta que se me derritan los sesos.
Hacerlo miles de veces, en todas las posturas imaginables. Pero no quiso escucharme. Pero, en realidad, nada pude hacer. Aunque eso significara herirla cruelmente. Reconocerlo fue doloroso. Pero era la pura verdad. Pero, al fin y al cabo, fuera adonde fuese, no dejaba de ser y o. Claro que, en realidad, tal vez ni siquiera fueran errores.
Era incapaz de sentirme solidario con la gente que me rodeaba. El olor a violencia que inundaba las calles, las palabras contundentes que la gente pronunciaba, iban perdiendo poco a poco su brillo en mi interior.
La may or parte de las clases eran absurdas y aburridas. Todos nos equivocamos». En ese periodo tuve algunas novias. A menudo pensaba en Shimamoto y en Izumi. Tal vez se hubiesen casado. Tal vez tuviesen hijos. Una hora siquiera. A Shimamoto y a Izumi hubiera podido expresarles mejor mis sentimientos.
Pasaba las horas imaginando la forma de reconciliarme con Izumi o la forma de reencontrar a Shimamoto. Se trataba de una cita doble. Pero es bonita y muy buena chica. Ya estaba harto de citas dobles, citas a ciegas y cosas por el estilo. Pero al decirme que era coja, no me pude negar.
Menuda, de facciones correctas, su belleza no era, sin embargo, espectacular, sino dulce y serena. Luego, nos separamos de la otra pareja y dimos un paseo. Fuimos al parque de Hibiy a y tomamos algo. Arrastraba la pierna contraria que Shimamoto. Con todo, la manera de andar de las dos era parecida. Apenas llevaba maquillaje e iba peinada con cola de caballo. Era una chica muy callada. Hacer libros de texto no es muy interesante que digamos.
Pero mi familia tiene una farmacia. Ni siquiera tengo nunca resaca —dije—. Pero no hay nada decidido. Mi padre dice que si no quiero, no importa. Pasamos la tarde juntos hablando de este modo. Hubo muchos silencios, le costaba charlar con normalidad. Era algo ligeramente parecido a la nostalgia.
La verdad es que no. Mientras estaba con aquella chica, no dejaba de pensar en mi amiga de la infancia. Pero se trataba de una doble cita. Si quedaba una segunda vez con la misma chica, estaba adquiriendo cierto compromiso. Llevaba un abrigo largo rojo y un bolso de charol bajo el brazo. Comprobarlo no presentaba grandes dificultades.
Bastaba con adelantarla, volverme y mirarla a la cara. Necesitaba tiempo para ordenar mis ideas. Apenas miraba hacia los lados. Una distancia penosa para alguien que cojea. Ni siquiera miraba los escaparates. Estuvo hablando mucho rato.
Y que era coja. Mi camiseta estaba empapada. Pero fui incapaz de levantarme. Pasaron unos quince o veinte minutos sin que ocurriera nada.
Ella estuvo todo el tiempo mirando por la ventana. Vi su abrigo rojo avanzando entre la gente. Llevaba un abrigo gris oscuro y una bufanda de cachemir alrededor del cuello.
Ambas prendas, a simple vista, caras. O tenis. Su tono de voz no era apremiante. Decirle: « No me apetece tomar nada. Usted y y o tampoco tenemos nada de que hablar. Nos sentamos frente a frente. Es imposible no darse cuenta de que te siguen desde tan lejos. No dije nada. Puedo hacer varias cosas —dijo—. Si quiero, puedo hacerlas. Mientras tanto, mantuvo la izquierda sobre la mesa. Era un sobre de oficina blanco normal y corriente—. No quiero que cuente nada. Usted hoy no ha visto nada y tampoco ha hablado conmigo.
Unos billetes sin una arruga, como acabados de imprimir. Lo puse dentro de mi escritorio sin volver a abrirlo siquiera. Las noches en que no puedo dormir recuerdo a menudo la cara de aquel hombre.
Con el paso del tiempo, he ido haciendo diversas conjeturas sobre aquel suceso. Y el hombre quiso sellar mis labios con dinero. Es posible, tiene sentido. Algo creado por mi mente desde el principio hasta el fin. Porque dentro de mi escritorio hay, en efecto, un sobre blanco, y dentro de ese sobre hay diez billetes de diez mil y enes.
A veces pongo el sobre encima de la mesa y me lo quedo mirando. Cuando lo pienso, me doy cuenta de que nos movemos dentro de unas posibilidades muy limitadas. Me atrajo con una fuerza casi irracional. Al menos, no se trataba del tipo de mujer que los hombres persiguen. Me gustaba su rostro. Al principio, ella no acababa de creerme.
Pero, poco a poco, se fue convenciendo. Yo lo encontraba demasiado agresivo y no aprobaba algunas de sus actitudes, pero admiraba su perspicacia. Esto es duro, pero el sueldo es bueno.
No se trata de obligar a nadie a hacer lo que no quiere —dijo. En fin, mira, mi empresa tiene un edificio en Aoy ama. Aquello no estaba nada mal. El resultado fue espectacular. Negociaba los precios con los proveedores, contrataba al personal, llevaba la contabilidad, en una palabra, me encargaba de que todo funcionara bien. Eran mis bares, mi mundo. Nos compramos un apartamento de cuatro habitaciones en Aoy ama y un BMW Y tuvimos un segundo hijo.
Estas cosas tienen su secreto». Todas las cosas tienen su secreto. Para triunfar, hace falta tener suerte e inteligencia. Eso por descontado. Pero no basta. Si no tienes el capital necesario, no hay nada que hacer. Sin embargo, llevaba una vida feliz. Amaba a mi mujer. Yukiko era serena y considerada. Pero y o la encontraba tan guapa como siempre. Me gustaba estar con ella y hacerle el amor.
Y, al mismo tiempo, amo y protejo a mi mujer y a mis hijas». Mientras mi mujer estaba encinta, tuve algunas aventuras. Pero no fueron nada serio ni tampoco duraron demasiado. A lo sumo, tres veces. Era un recordatorio. Figuraba el nombre de una mujer. El matasellos era de Nagoy a. Su familia era de Nagoy a. No tuve que pensar mucho para comprender que era Izumi quien me enviaba el recordatorio. Al principio no pude entenderlo.
Lo adivinaba. El tipo de alumno miembro del Consejo Escolar. Un chico tranquilo, nada entrometido. No te aconsejo trabajar en una empresa. Una chica que siempre estaba contigo. Se llamaba Ohara, creo. Izumi Ohara. La vi hace poco. En Toy ohashi. En fin, tampoco vale la pena. Ni siquiera estoy seguro de que fuera ella.
Yo estaba bebiendo un vodka gimlet. Ha ocurrido de verdad, pero no parece un hecho real. Ohara es un apellido corriente y puede haber muchas mujeres con un rostro parecido. Ya sabes, esas listas para reservar dinero para pintar las paredes y cosas por el estilo. Izumi en katakana[3]. Por lo visto, Izumi Ohara es la mujer misteriosa de la casa.
Si la saludan al cruzarse por el pasillo, no devuelve el saludo. Si llaman a su puerta, no responde. Era de esas personas que saludan a todo el mundo con una sonrisa. Alguien que se llama como ella. Es igual, dejemos esta historia.
No vale la pena. Es un completo enigma. Esa Izumi Ohara que puede o no ser alguien con el mismo nombre. Ya sabes, ese tipo de cosas. No se puede ser estudiante de bachillerato toda la vida. Quiero saberlo. Necesito saberlo. La verdad es que Izumi y y o rompimos justo antes de dejar el instituto. Fue algo brutal. Desde entonces no he podido saber nada de ella. Sea lo que sea, sea bueno o malo, quiero que me lo digas con franqueza.
Me sabe mal por ti. Era una buena chica. Quiero saber la verdad. Me dabais envidia. Por eso me acordaba muy bien de su cara. No puedo decirte nada malo de ella, que quede claro. Lo que pasa es que ha perdido todo su encanto. No lograba entenderlo. Dejemos esta historia. De verdad. Eso y a te lo he dicho al principio.
Yo apenas lo escuchaba. Al irse me dio unos golpecitos en el hombro. Pero, fuera lo que fuese, no es culpa tuy a. En may or o menor medida, todos tenemos experiencias parecidas. No te estoy mintiendo. Pero no hay nada que hacer. La vida de alguien es, al fin y al cabo, su vida. Este mundo es como el desierto y todos tenemos que hacernos a la idea. Este mundo es igual. Si llueve, las plantas florecen; si no llueve, se secan.
Pero, en definitiva, todos acaban muriendo. Hay muchas maneras de vivir. Hay muchas maneras de morir. Pero eso no tiene ninguna importancia. Algunas cosas desaparecen de repente como si las hubieran cortado. Otras se van difuminando despacio antes de borrarse definitivamente. Estaba exhausto.
Y y o era una parte integrante de ella. Como una sombra impresa en la pared. No es que no me gustara hablar con ellos. Pero me hablaban de cosas que, al fin y al cabo, apenas me importaban.
Estaba demasiado alejado de todo aquello, en el espacio y en el tiempo. Estas dos frases resonaban sin cesar dentro de mi cabeza. Eso es lo bueno de las revistas. Te hacen famoso en un instante, pero caes en el olvido el instante siguiente. De haberla visto antes, me hubiera acordado, tan llamativa era su belleza. Para ellas era un fastidio. Llevaba un vestido azul de seda y, encima, una chaqueta de cachemir beige claro.
Una chaqueta tan fina como una piel de cebolla. Pero esa mujer era distinta. Pero no pensaba que me estuviera observando. Yo llevaba, como era habitual, traje y corbata. Los zapatos de Rossetti. No soy del tipo de personas que les guste atildarse. De ordinario, me bastan unos tejanos y un jersey.
Una persona que administre un local debe ir vestida de la misma forma que desea que vay an vestidos sus clientes. El reloj marcaba casi las once. La hora de marcharse si pensaba regresar en metro. Pero no se fue. Me alegro de que le guste. Era una sonrisa maravillosa. Yo no llevaba encima ni cerillas ni encendedor. Era Shimamoto. Una eternidad. Pero era incapaz de aceptar esa realidad. Te sienta muy bien. Era incapaz de hablar. Pero eso cualquiera puede aprenderlo —dije. Veo que te acuerdas.
Buscaba la oportunidad de dirigirte la palabra. En aquel momento no pude. Mucho miedo. Por favor, no me vuelvas a hablar de ello». Un poco rara. A decir verdad, me lo he pensado mucho antes de venir. He estado dudando casi un mes. Pero era tu nombre, tu foto. Y hoy me he sentado en aquel taburete y te he estado observando. Pero no me he podido contener.
Ese tipo de cosas. No me apetece demasiado hablar de eso. Parece que me quiero envolver en un halo de misterio, que me estoy haciendo la interesante. Aunque lo cubras con un traje de Armani, el interior apenas ha cambiado. Verte y hablar contigo.
Cuando te fuiste del barrio, estuve mucho tiempo esperando que vinieras a verme. Liso, sin nada superfluo. Que te molestara que te visitase. Hizo rodar un anacardo en la palma de la mano.
Fue como vivir en el fondo de un pozo. Hasta que viene alguien y te arrastra fuera. Ella se puso otro cigarrillo entre los labios. Pero seguro que todo el mundo te lo dice. Sea como sea, no suelo caer bien a las otras mujeres, por desgracia.
Lo que quiero es ser alguien corriente, hacer amigos como todo el mundo». De que seas feliz. Al menos, no me siento infeliz. Ni tampoco solo —dije.
Los conservo todos, no he perdido ninguno. Tuvo una muerte horrible. La base es de ron y vodka. Sabe muy bien, pero enseguida se te sube a la cabeza. Ni dulce ni amargo. Es ligero y sencillo, pero con cuerpo. Y cada vez que escuchaba Star-Crossed Lovers, recordaba mis ojos reflejados en el espejo. No hay un error, sino montones. Sin nadie a quien pudiera llamar amigo.
Yo hice lo mismo. Ya era cerca de medianoche. Me alegro de haberte visto. No te preocupes —dijo Shimamoto sonriendo—. Me di cuenta de que no cojeaba como antes. No es que hay a quedado bien del todo, pero ha mejorado mucho.
Ya no cojeas. Me alegro de haberme operado. De pie a mi lado, y a no era tan alta. Me preocupaba que no hubiese podido encontrar un taxi. Shimamoto y a no estaba. Era tan hermosa, y ahora y a ni siquiera cojeaba.
Me bastaba con verla y hablar con ella. Pero tres meses eran mucho tiempo. Una lluvia muda y helada. Era un saxofonista bastante conocido y la clientela vibraba. No me enfado por eso. Yo me limito a esperarlos.
No es que estuviese ocupada. Algunos mechones del flequillo mojado se le pegaban a la frente. Era un libro de historia. Trataba sobre el conflicto armado entre Vietnam y China posterior a la guerra de Vietnam. Pero no tanto como antes. Apenas conozco las modernas.
La may or parte del siglo XIX. Y eso me decepciona. Pero ahora no. Cosas modernas y cosas antiguas. Cosas malas y cosas buenas. Sin esfuerzo, no se llega a ninguna parte. Le pago un sueldo muy alto. Eso lo mantengo en secreto. Y eso, por supuesto, no es criticable. Igual que para tocar el piano, pintar un cuadro o correr cien metros.
He investigado mucho, he practicado horas y horas. Pero mis mezclas no pueden compararse a las suy as. Aunque ponga exactamente el mismo licor y agite la coctelera exactamente el mismo tiempo, el sabor es distinto. Como en el arte. No soy un hombre de negocios. A eso no se le puede llamar ni capacidad ni talento. Imagino cada una de esas variables, una a una, con todo detalle. Pienso en mil cosas concretas.
Y de la suma de todas estas ideas, la imagen del local se va perfilando. Aquella noche, Shimamoto llevaba un jersey azul celeste de cuello alto y una falda azul marino.
Acostumbrado a imaginar. Creo un lugar imaginario en mi cabeza y, poco a poco, le voy dando forma. Voy probando. Tal como te he contado antes, al salir de la universidad, estuve trabajando en una editorial de libros de texto. Odiaba ir a la oficina. Para ser una noche lluviosa, estaba bastante lleno. Ni tampoco para ti.
Eso es lo que creo. Me gusta este trabajo. Ahora tengo dos locales. Pero a veces me parece que son dos jardines imaginarios que he creado en mi cabeza. En ellos he plantado flores, he instalado fuentes.
Los he creado con sumo cuidado, parecen muy reales. Pues porque todo el mundo, en may or o menor medida, busca un lugar imaginario. Me gustaba encenderle los cigarrillos. Trabajar es una experiencia que me es totalmente ajena. No he hecho otra cosa que leer en soledad. Mantuvo ambos brazos extendidos como si fuera el expositor de una tienda.
Lo he visto muchas veces. Es algo muy simple. Sin embargo, hay un tipo de sentimientos que permanecen para siempre. Siempre esperando que me tumbaran de espaldas. Nadie se sumerge en ninguna aventura esperando resultados mediocres.
Y eso es lo que mueve el mundo. Eso es el arte, supongo. Estaba esperando a que y o prosiguiera. Ahora soy un empresario.
Invierto capital y lo recupero. Ni soy un artista ni estoy creando nada. El mundo no puede estar lleno de Charlie Parkers. Hubo un largo silencio.
En silencio, como si estuviera contemplando un paisaje lejano. Menu Home. Home » Haruki Murakami » [download] Al sur de la frontera, al oeste del Sol Volumen independiente free ebook. Newer Post Older Post Home. Jones i el monstre a sota el l Ola trocoidal, movimi Problemes resolts Problemas re
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